Las
modernas metodologías de gestión de riesgos promueven
una cultura de controles internos y administración de
riesgos para una adecuada gestión de los procesos que
soportan los negocios de la organización.
Dentro
de esa gestión de riesgos, que es muy grande, muy
abarcativa y que involucra a todos los participantes de
la organización, incluso a las Auditorías, me voy a
referir a un elemento muy importante y que soporta una
buena parte de esa gestión: las matrices de riesgos de
los procesos.
Si bien
no se trata de la matriz de riesgos de la auditoría.
Auditoría es usuaria de estas matrices y bien puede
utilizarla como fuente para sus trabajos.
Frecuentemente me solicitan modelos de matrices de
riesgos o me piden referencias sobre sistemas de soporte
con matrices de riesgos.
En esas
oportunidades lo primero que hago es repreguntar lo
siguiente:
-
qué están haciendo en su organización en materia de
gestión de riesgos?
La
mayoría de las veces me responden:
-
por ahora nada, estamos esperando contar
con el sistema; o bien
-
esperamos tener un buen modelo de matriz
de riesgos para volcar los datos y comenzar a trabajar
sobre los principales riesgos.
Este
tipo de situaciones me llevan a focalizar este artículo
en la descripción de los conceptos necesarios para
trabajar con matrices de riesgos, porque entiendo son
necesidades previas a su instalación.
Una vez
entendidos estos conceptos estaremos en condiciones de
seleccionar el sistema o el modelo que más se adecue a
nuestra empresa.
- El proceso de la gestión de riesgos.
El IRAM
(Instituto Argentino de Normalización y Certificación)
explica muy bien en su Norma A-17.550 las actividades
dentro de una gestión de riesgos.
Recomiendo al lector la lectura de esa norma.
El
siguiente cuadro de la A - 17.550 sobre el sistema de
gestión de riesgos me resulta absolutamente didáctico:

Los
procesos en los que cobra relevancia la matriz de
riesgos son aquéllos incluídos en el área sombreada:
identificación, análisis y evaluación de los riesgos que
también se relaciona con “establecer el contexto” (o
fase táctica de la gestión de riesgo), con “tratar los
riesgos” (o respuesta al riesgo) y con “comunicar y
consultar” (o monitoreo y reporte).
En este
artículo me referiré sólo a los primeros, a los del área
sombreada.
- El proceso de identificar riesgos.
-
Ok, manos a la obra, a registrar riesgos
se ha dicho!
Exclaman
entusiastas las personas que, recuerdan, estaban
esperando el sistema o el modelo de matriz para comenzar
a trabajar, una vez que los consiguen.
Ese
loable impulso, se verá rápidamente frenado por algunas
cuestiones que les surgirán antes de registrar el riesgo
que surge, claramente, como el más básico de cualquier
proceso bajo análisis.
La
primera definición que necesitamos es saber a qué nivel
de procesos vamos a relacionar nuestras matrices de
riesgos.
Si
estuviéramos analizando el proceso de una Gestión de
insumos en una empresa fabril, podríamos armar una
jerarquía o niveles de procesos (subprocesos,
actividades, operaciones, etc.) y tendríamos la
siguiente jerarquía de procesos:
Para el
ejemplo seguimos una línea recta descendente sin
considerar las actividades del mismo nivel que corren en
forma paralela. Así, al mismo nivel de Compras podríamos
ubicar la Administración del stock de insumos, con sus
actividades de recepción, inventario físico y registros,
despacho a planta, etc. Y así seguiríamos descendiendo
en la jerarquía.
Resulta
preocupante imaginar el tamaño que puede tomar el
detalle de todos los riesgos hasta el nivel de la
operación más simple.
Conclusión: determinar un nivel de detalle de los
procesos que permita la administración lógica y
eficiente de la gestión y que asegure que los
principales riesgos están siendo evaluados es
fundamental porque si se pretende llegar a un nivel
exhaustivo de análisis se corre el riesgo de perder foco
en lo verdaderamente importante.
Una mera
orientación: el nivel de Subproceso, Compras en el
ejemplo, normalmente es el adecuado. Pero hay que
verificar esa validez para cada caso.
Ninguna
empresa es igual a otra. Indudablemente debemos
entender todos los procesos para armar un inventario
o una arquitectura de procesos de la organización.
Luego de
algunos relevamientos y unas cuantas reuniones con
algunos sabihondos, seguramente conseguiremos armar el
rompecabezas y tendremos una idea más o menos clara de
los procesos de la organización.
- Muy
bien! Ahora sí, a registrar los riesgos!
- Pero,
cuáles riesgos?
Muy
sencillo: ya tenemos los procesos identificados y hasta
descriptos. Pues bien, cómo sabemos, los riesgos que nos
interesan son aquéllos que pueden afectar la consecución
de los objetivos de estos procesos.
Necesitamos, por lo tanto, conocer claramente los
objetivos de cada proceso.
Ahora
bien, pregunto al lector si en su organización:
- Están claramente definidos los objetivos de cada proceso?
- Esos objetivos están alineados con los objetivos estratégicos?
- Las personas responsables por la ejecución de las distintas actividades dentro de los procesos, conocen esos objetivos?
- Esos objetivos y sus metas son razonables?
Un NO
como respuesta a cualesquiera de esas cuatro preguntas
determinará numerosos riesgos directos sobre la
eficiencia del proceso. El punto más claro es el caso
del las metas excesivas que puede generar mayores costos
por ventas ficticias (devoluciones, fletes, impuestos,
comisiones mal pagadas, descuentos indebidos, créditos
mal otorgados), ventas forzadas, conductas antiéticas,
etc.
Otro
aspecto a tener en cuenta es: quién va a registrar los
riesgos?
Se
requiere que el área responsable del proceso, que
lo conoce exhaustivamente y ejecuta y resuelve el día a
día, sea quien registre los riesgos.
Aquí
podemos encontrarnos con un problema adicional o
varios.
- Hay personas que subestiman los riesgos, ya sea porque conscientemente no quieren llamar la atención en la organización o bien porque naturalmente tienden a subestimarlos.
- De la misma manera hay quienes los sobrevaloran. Algunos Gerentes consideran que si su área es más riesgosa pueden conseguir mayores presupuestos para mitigar esos riesgos o creen que tendrán mayor importancia relativa dentro de la organización.
- Puede haber también problemas de entendimiento del trabajo.
Si bien
estos posibles errores no pueden reducirse a cero, el
proceso es perfectible. Hay métodos que permiten
asegurar un buen proceso de autoevaluación.
Ya
sabemos qué riesgos vamos a identificar, quiénes los van
a registrar y hasta qué nivel lo haremos. Adelante
entonces!!!
- Analizando los riesgos:
El
análisis de un riesgo tiene básicamente dos
dimensiones.
- La clasificación del riesgo, se refiere a su tipificación (de crédito, de mercado, operativo, de imagen, legal) y a sus subtipos.
Esta
apertura permite resumir por tipo de riesgo, a la vez
que facilita su tratamiento, si fuera necesario.
- La calificación del riesgo, nos permite valorizar de alguna manera el riesgo. Para ello hay que determinar la severidad, que es el impacto potencial que produciría la materialización del riesgo identificado; y, además, calcular la probabilidad de ocurrencia del hecho. La probabilidad se basa en la mayoría de los casos, en el historial (cuántas veces se produjo el hecho en un período de tiempo, en la organización o en el mercado).
Normalmente se abren varias categorías de severidad y de
probabilidad y las distintas combinaciones entre esas
categorías de una y otra, determinan el nivel de
riesgo.
Ese
nivel de riesgo puede adoptar un valor cuantitativo ($),
un valor meramente cualitativo (ej. elevado, bajo) o
algún valor semicuantitativo (300; 250; 100)
representado por números y no por $ que permiten
realizar un ordenamiento por nivel de riesgos.
Que las
personas conozcan las distintas clasificaciones de los
riesgos y que puedan darles una calificación adecuada,
importa contar con un diccionario de riesgos para
asegurar un lenguaje común dentro de la organización así
como un intensivo entrenamiento en la materia para poder
utilizar efectivamente estos conceptos.
- Evaluando los controles:
Una vez
determinado por alguno de los métodos antes descripto el
nivel del riesgo, hay que calcular la exposición real de
ese riesgo. El valor de exposición a riesgo surge de
restar al nivel de riesgo explicado, los controles
existentes para mitigarlo.
Estamos
agregando un componente importantísimo a la matriz:
los controles.
Los
controles son todas aquéllas actividades diseñadas para
mitigar los distintos riesgos.
Las
preguntas que debemos realizar cuando evaluamos un
control son las siguientes:
- Esta erogación (por el costo del control) justifica el riesgo que está mitigando?
Sólo si
la respuesta es afirmativa, se realizarán las
evaluaciones de rutina:
- El control está bien diseñado? Es decir, realizará aquello para lo que fue planeado?
- Es ejecutado de acuerdo al diseño? Prueba de cumplimiento del control.
Si el
costo del control es mayor al riesgo que pretende
mitigar, en principio habrá que analizar su posible
retiro.
- Evaluando los riesgos
Como
dijimos el valor de exposición a los riesgos puede
obtenerse restando al nivel del riesgo el control
mitigante. Obtendríamos así, un valor residual o la
exposición a los riesgos.
El
proceso continúa con la comparación entre este valor de
exposición y un valor definido como nivel aceptable de
riesgo. Si el valor de riesgo es mayor al aceptable
habrá que tratarlo generando una respuesta al riesgo
distinta de la actual.
- Criticidad de los procesos:
Otro
aspecto a tener en cuenta cuando evaluamos los riesgos,
especialmente cuando los riesgos no son cuantificados en
$, es la diferencia de criticidad en cada proceso.
Sabemos que hay procesos que contribuyen o pueden
afectar en mayor medida la consecución de los objetivos
de la organización.
Esta
distinción tiene sentido cuando queremos comparar
riesgos de diferentes procesos. En otras palabras un
riesgo elevado del proceso A puede tener mayor peso que
un riesgo elevado del proceso B, simplemente porque el
proceso A tiene mayor criticidad. Este análisis es
importante a la hora de conformar el portafolio de
riesgos del negocio.
Algunos
de los factores más importantes que revelan la
criticidad de un proceso son los siguientes:
- Su nivel de relación con el cliente externo;
- Su nivel de relación con entes reguladores;
- Sus volúmenes transaccionados;
- Su nivel de contribución con los resultados;
- La complejidad de sus estructuras operativas o cambios importantes recientes en ellas;
- La cantidad de personal que involucra;
-
El riesgo de imagen o reputacional relacionado
- Cuestiones finales:
Queda
una última cuestión a resolver: qué hará que los
Responsables registren los riesgos de los procesos que
tienen a su cargo?
Desde
ya, partimos de la base que tenemos el apoyo
incondicional de la alta gerencia, pero no podemos
esperar que la gente registre todo lo que pedimos sólo
por obligación. La gente registra aquello que le
conviene, que no le afecta demasiado o bien lo detectado
por alguna Auditoría.
No
alcanza, necesitamos identificar –y registrar- todos los
riesgos importantes.
Hay algo
que hace que la gente gestione riesgos: cultura de
riesgos y controles internos. No se compra ni se
obtiene por mandato.
El
cambio cultural es un proceso largo y continuo.
Normalmente se habla de unos cinco años necesarios para
un cambio deseado. Puede ser que en ese plazo se noten
cambios importantes pero les aseguro que es un proceso
que no termina nunca y al que hay que alimentar día a
día mediante ejemplos y buenas prácticas de gestión.
A esta
altura el lector se preguntará: entonces, tengo que
esperar cinco años para comenzar a gestionar riesgos?
Definitivamente no. El cambio cultural hay que planearlo
desde el primer día y ejecutarlo con acciones de
capacitación, con divulgación y con acciones ejecutivas.
La idea es curarse en salud. Hay que estar preparado
para no tener la mejor gestión de riesgos en un inicio
pero apuntar a su mejora continua. Les aseguro que la
única forma es hacer camino al andar.
8.
Importantes beneficios:
Sabido
es que las mejores prácticas recomiendan una adecuada
gestión de los riesgos empresarios, más aún, algunos
sectores altamente regulados obligados cada vez más a
incorporar la gestión de riesgos a sus procesos de
negocios. La norma IRAM mencionada es un claro ejemplo
de mejor práctica.
Sin
embargo, no es el mero cumplimiento normativo o de
aplicación de best practices, el motivo que
llevará a una organización a recorrer un camino efectivo
hacia la gestión integral de sus riesgos.
Las
organizaciones que realizan gestión de riesgos – de la
cual la matriz de riesgos es sólo una parte, aunque
fundamental –, están convencidas que de esta manera, se
posicionan respecto a sus competidores de una manera
ventajosa porque:
- Disponen de información rica en conocimiento de sus procesos que en las otras organizaciones es dispersa, incoherente o carente;
- Alinean sus procesos a los objetivos de los negocios, tornando a los negocios más seguros y, en consecuencia, más rentables;
- Focalizan los esfuerzos en mitigar los riesgos más importantes logrando así una mayor eficiencia en los costos asignados a los controles;
- Disminuyen la posibilidad de pérdidas porque identifican de una manera racional y abarcativa exposiciones a riesgos no aceptables y, brindan respuesta a las mismas.
9.
Conclusión:
La
matriz de riesgo de un proceso, es una descripción
organizada y calificada de sus actividades, de sus
riesgos y de sus controles, que permite registrar los
mismos en apoyo al gerenciamiento diario de los
riesgos.
Cobra
real importancia cuando los datos a incorporar tienen un
grado aceptable de confiabilidad, para ello hay que
realizar algunos trabajos previos sobre:
- La arquitectura de procesos y análisis de la criticidad de los mismos;
- La revisión de los objetivos y metas de cada proceso;
- La asignación de responsabilidades en el proceso;
- El entrenamiento de los participantes;
- Contar con un diccionario de riesgos para clasificarlos;
- Contar con un método que permita calificarlos;
- Evaluación de los controles mitigantes de cada riesgo
- Nivel de apetito de riesgos.
- Culturización en riesgos y controles internos
La
matriz de riesgo por proceso, constituye un elemento de
gestión muy importante para el responsable de ese
proceso permitiéndole una visión clara y fácilmente
actualizable de sus riesgos.
Forma
parte de la documentación de procesos, brindando a los
usuarios un mayor conocimiento de los mismos, de sus
actividades, riesgos y controles.
Para el
Auditor, es una fuente de información que le permitirá
ahorrar muchas horas de trabajo, reconvirtiendo parte de
sus tareas hacia funciones de mayor análisis y,
obviamente mayor exigencia. Al mismo tiempo la revisión
especializada del Auditor brinda el necesario monitoreo
y posibilidad de mejoras de esta parte importante de la
gestión de riesgos de la organización.
No hay comentarios:
Publicar un comentario